martes 10 de enero de 2012

La necesidad de un injusto ERE en Canal 9


Se lleva rumiando desde hace mucho tiempo. Radio Televisión Valenciana (RTVV), tal y como la conocemos en la actualidad, está en la sala de autopsias. Allí la espera un forense en forma de 1.200 despidos. La crisis y los ajustes del nuevo Consell de Alberto Fabra van a suponer el último estocazo, pero Canal 9 lleva mucho tiempo agonizando. Era una muerte anunciada. Las cifras están ahí: una plantilla sobredimiensionada de 1.800 trabajadores, una deuda que supera los 1.200 millones y cada vez crece más y unas audiencias bajo mínimos desde hace años. Todo consecuencia de un despilfarro incoherente y un modelo manipulador que ha vertebrado un discurso con el que el PP ha gobernado en la Comunitat Valenciana durante 16 años. Pero el sistema ahora no aguanta. RTVV ya estaba muerta en los últimos tiempos de Francisco Camps, que quitó los repetidores de TV3 y ni por esas el público de habla valenciana decidió seguir pegado a su televisión viendo su monstruo mediático, cansado de las mentiras y la televisión basura que imperaba -e impera- en Burjassot. Ahora ya no hay marcha atrás. La necesidad de arreglar -que no privatizar- Canal 9 no se puede negar. Lo malo es que todo apunta a que solo recortarán números, no exprimirán recursos para ofrecer una televisión de calidad. No se mirarán en el espejo de la BBC, ni en el de TV3 o RTVE. La injusticia es que la situación la van a pagar los propios trabajadores. Lola Johnson, López-Jaraba, el acosador Vicente Sanz, Pedro García o Jesús Sánchez Carrascosa -que consiguió grandes audiencias a través de una televisión casposa- son algunos de los personajes ilustres que se han llenado los bolsillos y se irán de rositas. Que vivirán tranquilos y no pasarán apuros al final de mes. Entre el sector del periodismo valenciano se sabe que para entrar a trabajar en canal 9 -aunque sea de redactor raso- tienes que contar (salvo raras excepciones) con un padrino del PP. Y cuanto más gaviota sea mejor. Esto no quiere decir que los trabajadores son los responsables -los editores y jefes sí- ni que todos sean de ideología conservadora. Lo sé porque tengo conocidos trabajando en el ente público. Que sean los trabajadores rasos los que paguen el peaje del despilfarro y acaben en la calle es injusto. Pero parece ser que no hay otra salida. O no quieren verla. Canal 9 tiene que redefinirse y apostar por mejorar con menos recursos. Y esto no es fácil. Sin embargo, si sus gestores no son capaces de reformular el modelo, deben irse o liquidarla. No es un horizonte agradable, pero al menos la manipulación no la pagaremos entre todos los valencianos. Ni la sufriremos a diario.